La lección de música interrumpida. 1660.1661. Johannes Vermeer. Óleo sobre lienzo. 38,7x43,9 cm. Frick Collection (Nueva York)

Al igual que el vino, los moralistas del Barroco holandés consideraban la música como un vehículo de seducción. Este poder seductor de la música será tratado en numerosas escenas por Vermeer, lo que podría convertir su pintura en un instrumento de educación moral para la sociedad de su tiempo. En primer plano nos encontramos con una joven ataviada con una chaqueta roja, cubierta su cabeza con un pañuelo blanco. Sostiene en sus manos una carta y dirige su mirada hacia el espectador, buscando respuesta a qué debe hacer, leer el mensaje o renunciar a la propuesta del hombre. Sobre la mesa se sitúan las partituras y el laúd, junto a un jarro que podría contener vino, el otro instrumento de seducción. Para reforzar la idea seductora, en la pared cuelga un cuadro de Cesar van Everdingen que representa un Cupido sosteniendo en su mano una carta de amor, tomando como referencia un emblema de Otto van Veen. En la pared se halla una jaula que aludiría al encarcelamiento voluntario del amor que supone el matrimonio. Algunos expertos interpretan estas claves como una alusión a la presunta infidelidad de la mujer a su marido, en contra de lo que espera la sociedad. Los diferentes elementos se sitúan en paralelo al espectador para crear sensación de perspectiva, ubicando en el plano más cercano una silla que también aparece en Caballero y dama tomando vino. Como viene siendo habitual, la estancia queda en semipenumbra gracias a la luz que penetra por la ventana, creando un magnífico efecto de atmósfera, diluyendo los contornos, aplicando el color de manera "puntillista", repartiendo de forma chispeante la luz por toda la superficie pictórica. El contraste de blancos, rojos y oscuros será también una constante en la producción del maestro, tomando a Rembrandt como referencia más directa.

Calle san Basilio

San Basilio fue antiguamente el barrio del Alcázar Viejo, barrio cristiano nuevo incorporado a la Ajarquía pero con un urbanismo diferente al musulmán. Perteneciente a la collación de Santa María hasta finales del siglo XIV, se unió más tarde a la Judería pasando a formar parte de la collación de San Bartolomé. Desde el nido de cigüeñas que corona el campanario de la parroquia de Nuestra Señora de la Paz se puede observar el barrio como un refugio, rodeado al norte por altos edificios, cruzado por los muros del viejo castillo, rodeado al sur por la muralla que lo separa del río y lo defiende. Hoy es un barrio silencioso para conservar y pasear. Desde el arco de las Caballerizas, al fondo, la antigua Villa, la Medina, el Alcázar Nuevo, la Mezquita-Catedral, el Palacio Episcopal… La calle Postrera, en arco, sigue la línea fortificada y va a morir en la Puerta de Sevilla. Es un trayecto corto pero emotivo; las fuertes almenas observadas a través de las puertas abiertas de las casas, la calle Postrera como un camino de ronda medieval.

© 2018 Antonio Guerra. #habitantesdelominimo

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