Vanitas. Pieter Claesz. 1630. Óleo sobre tabla. 36x59 cm. Mauritshuis. La Haya.

Casi todas las naturalezas muertas neerlandesas incluyen, en mayor o menor medida, el aspecto de vanitas, un lamento por la fugacidad de todas las cosas. A menudo se simboliza con objetos como una calavera o un reloj, como en esta pintura, donde el efecto se ve reforzado por una copa de vino volcada y una vela apagada. La crítica metafísica de Claesz se centra en el conocimiento del libro y su inutilidad frente a la eternidad. El reclamo de la iluminación de que el libro contiene conocimiento, experiencia y pensamientos que fueron permanentemente válidos más allá del lapso de vida de un individuo se encuentra con resignado escepticismo. Con matices de gris, marrón y verde que tienden a agregarse a una impresión general "monocromática", la naturaleza muerta de Claesz se pintó en un momento en que el mercado del libro europeo atravesaba una fase de considerable expansión.

Pieter Claesz nos muestra su versión de un lamento de la fugacidad de todas las cosas en 1630. Ha usado el cráneo, mostrando la brevedad de la vida y recordándonos que pronto todos seremos iguales. Sobre la mesa ha colocado un reloj de bolsillo abierto, muy parecido a Van Kessel con su uso del reloj de arena. Estos relojes se colocan en vanitas para ayudar a mostrar la noción de la brevedad de la vida. Vanitas era básicamente una forma de que los artistas dijeran a las personas que disfruten de los placeres de la vida, pero no demasiado. Claesz usa su fuente de luz para enfocarse en el cráneo y el reloj de bolsillo, ayudando al espectador a saber qué recordar en la vida.

Calle San Basilio

San Basilio fue antiguamente el barrio del Alcázar Viejo, barrio cristiano nuevo incorporado a la Ajarquía pero con un urbanismo diferente al musulmán. Perteneciente a la collación de Santa María hasta finales del siglo XIV, se unió más tarde a la Judería pasando a formar parte de la collación de San Bartolomé. Desde el nido de cigüeñas que corona el campanario de la parroquia de Nuestra Señora de la Paz se puede observar el barrio como un refugio, rodeado al norte por altos edificios, cruzado por los muros del viejo castillo, rodeado al sur por la muralla que lo separa del río y lo defiende. Hoy es un barrio silencioso para conservar y pasear. Desde el arco de las Caballerizas, al fondo, la antigua Villa, la Medina, el Alcázar Nuevo, la Mezquita-Catedral, el Palacio Episcopal… La calle Postrera, en arco, sigue la línea fortificada y va a morir en la Puerta de Sevilla. Es un trayecto corto pero emotivo; las fuertes almenas observadas a través de las puertas abiertas de las casas, la calle Postrera como un camino de ronda medieval.

© 2018 Antonio Guerra. #habitantesdelominimo

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