Dama que escribe una carta y su sirviente. Johannes Vermeer. 1670. Óleo sobre lienzo. National Gallery (Dublin)

El aumento del nivel intelectual en la Holanda del Barroco permitiría que un amplio número de mujeres pertenecientes a la burguesía aprendieran a leer y escribir, plasmando así sus sentimientos en papel. Las cartas amatorias provocarían importantes controversias jurídicas ya que se hacía necesario aclarar si implicaban adulterio o compromiso matrimonial, al comprobarse la culpabilidad de quien las escribía. Vermeer no dudaría en incorporar la temática amorosa y especialmente la relacionada con las cartas, en un buen número de sus escenas de género como bien podemos comprobar en este lienzo que conserva la National Gallery de Dublín. En un primer plano, situando entre el espectador y la mesa una silla como era frecuente en el maestro de Delft, nos encontramos con la señora de la casa, afanada en la escritura de una carta. La mesa se cubre con un rico tapiz oriental y sobre él podemos observar ligeramente la escribanía de plata, mientras que a los pies de la silla se aprecian el precinto y el sello. La criada está en un prudente segundo plano, con los brazos cruzados, dirigiendo su mirada hacia la ventana donde se reproduce un irreconocible motivo iconográfico que los expertos identifican con la Templanza, que también está presente en Caballero y dama tomando vino o Muchacha con vaso de vino. En la pared del fondo se exhibe un lienzo con el tema de la salvación de Moisés en el Nilo, aludiendo a la práctica habitual de abandonar niños no deseados. Ambos elementos simbólicos indicarían que estamos ante una relación extraconyugal contra la que las autoridades intentaban luchar, utilizando incluso los cuadros como instrumento pedagógico. En cuanto al estilo, Vermeer gusta de utilizar un potente foco de luz procedente de la izquierda, en sintonía con los trabajos de Caravaggio, creando una atmósfera envolvente que resalta los brillos de las tonalidades, acercándose así a la escuela veneciana y a Rembrandt. La ubicación de los diferentes elementos en planos paralelos al espectador y la bicromía de las baldosas serán técnicas habitualmente utilizadas por el maestro de Delft para crear la sensación de perspectiva. El color se aplica de manera "puntillista", repartiendo de forma chispeante la luz por toda la superficie pictórica.

Calle Valderrama

Es una calle que con otras como las de Diario Córdoba, Maese Luis, Tornillo, Lineros, Mucho Trigo, Alfonso XII, Isabel II, Regina, Gutiérrez de los Ríos y Pedro López configuran los límites del barrio de San Pedro, uno de los que en opinión de Ramirez de Arellano en Paseos por Córdoba  otorga mayor importancia.

Esta parte de la ciudad se encuentra en la conocida como Axerquía. En época romana San Pedro (al igual que el resto de barrios o arrabales que durante la baja Edad Media se conocieron como "Axerquía" quedaban extramuros. En época Omeya, se expandió la ciudad por esta zona. Se piensa que en esta zona hubo un barrio mozárabe, en torno a la llamada basílica de los tres Santos. Tras la caída del Califato Omeya, dicha basílica pasaría a convertirse en una mezquita, y tras la conquista cristiana, en 1236, se levantaría una de las iglesias fernandinas sobre la mezquita. Muy cerca de la iglesia encontramos los baños de San Pedro, en la calle Carlos Rubio, antigua del baño.

© 2018 Antonio Guerra. #habitantesdelominimo

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